Que jodido es saber que un mal momento, al margen de lo importante ahora, puede absorberte y confundirte; puede hacerte pensar en soluciones debido a tanta mierda tragada anoche. Soluciones que escribo y tacho, que se corre la tinta por las palabras de mis ojos. Y miedo. Miedo por más de una puerta. Hasta por las rendijas minúsculas que desaparecen en la oscuridad.
domingo, 21 de febrero de 2010
Desastre Animal
No dormir en toda la noche da mucho de sí; pero si todo lo que escribo me rompe, me desintegra, quizás sea mejor no escribir. Quizá sea mejor pasarse 43 minutos rompiendo hojas y hojas donde leo lo que no me gusta escuchar. Es cierto que las verdades duelen pero ya no sé si soy objetiva, si soy justa. Me soprende saber que a veces no lo soy conmigo misma, que me hundo fácilmente porque tiro piedras contra mi tejado. Anoche no lo fui; no fui justa conmigo misma. Me hice mucho daño y me he prometido que sería la última vez que lo haría, que sería la última vez que me atacaría con tanta mierda. Por eso me obligué a escribir la verdad hasta creerla. ¿Lo hice?
Que jodido es saber que un mal momento, al margen de lo importante ahora, puede absorberte y confundirte; puede hacerte pensar en soluciones debido a tanta mierda tragada anoche. Soluciones que escribo y tacho, que se corre la tinta por las palabras de mis ojos. Y miedo. Miedo por más de una puerta. Hasta por las rendijas minúsculas que desaparecen en la oscuridad.
Que jodido es saber que un mal momento, al margen de lo importante ahora, puede absorberte y confundirte; puede hacerte pensar en soluciones debido a tanta mierda tragada anoche. Soluciones que escribo y tacho, que se corre la tinta por las palabras de mis ojos. Y miedo. Miedo por más de una puerta. Hasta por las rendijas minúsculas que desaparecen en la oscuridad.
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