sábado, 27 de febrero de 2010
Y ya no existe calma
Tengo los dolores que rezaría la cancioncilla más cutre del planeta, ese “verte cerca y sin embargo tan lejos”, aunque eso sólo lo sepamos nosotras. Tengo dolores de ya no compartir con ella esas comidas entre semana, porque el lunes está cerrado y vivimos en nuestro planeta, y un día decidió dejarlo para el martes, y ese martes se pasó al fin de semana. Tengo dolores de ver que mis humores ya no le resultan tan graciosos, principalmente, porque no está junto a mí para escucharlos, ni podemos reírnos juntas. Y dolores tengo por todo lo que estamos pasando, aunque insista en que es lo que tenemos que pasar, que ella necesita ya otra cosa y yo, yo tengo muy claro lo que necesito (pero esto no va de necesidades, va de sentimientos). Que según ella lo que teníamos estaba ya en fase estancada, que nuestros karmas ya eran game over, pero nunca compartimos opinión. Cómo duele recordar cómo cantábamos canciones a pleno pulmón en días que sólo nos hacía (o me hacía, ya no lo sé) falta una mirada para respirar, cómo duele recordar las peleas de deseo entre las sábanas o las horas y horas que hemos pasado abrazadas en un colchón. Y quizá lo que más me duele de todo es la desaparición, no física, ni voluntaria: la desaparición del mote cariñoso, de los labios que he descrito o de las caricias en forma de verso; porque ya no quiere escuchar esos, mis versos.
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me gusta esto que has escrito:)
ResponderEliminarlos versos siempre están ahí, mejor dejarlos salir.
ResponderEliminarDejar fluir es mi lema, la vida acomoda las cosas de cierta manera que uno o aprende con ella o arruina la fiesta.
ResponderEliminarUn gusto!
=) HUMO